En África, el continente más pobre del universo, donde la carne, cualquier carne, es un lujo inaccesible que muchos solo prueban por Navidad, existe un país donde todos sus habitantes son multimillonarios. No existe nadie en ese país con menos de mil millones de dólares. Hasta los niños amasan grandes fortunas de millones de dólares.
Como no son nuevos ricos, conviven con sus fortunas de una forma que en los países que nos hacemos llamar occidentales (aunque África también sea en su mayoría occidente) no sería concebida. A pesar de sus incalculables sumas de dinero, todos sus habitantes conviven de una forma muy humilde, viven de espaldas a su dinero y evitan cualquier tipo de lujo. En vez de grandes manjares, habitualmente prefieren platos a base de maíz y como no suelen ir a restaurantes, es difícil encontrarlos incluso en las grandes ciudades. Viven en casas tradicionales de espaldas a todas las comodidades modernas, por eso, la mayoría no tiene teléfono ni electricidad.
Su falta de apego a sus fortunas y su estilo de vida alejado de comodidades y deseos no tiene nada que ver con ninguna religión de tipo budista, amish o huterita. De hecho, la mayoría son católicos, más católicos que nosotros, los occidentales. Tampoco basan su estilo de vida en ninguna filosofía de corte estoico, epicúrea ni escéptica, simplemente tener o no tener dinero no significa nada para ellos y paradójicamente todos tienen billones de dólares en sus casas. Su despreocupación por el valor del dinero llega al punto de que la mayoría no guarda su fortuna bajo llave. Si vas a sus casas puedes encontrar billetes de un millón de dólares hasta en el baño, aunque generalmente su fortuna está guardada en la despensa o algún armario.
Curiosamente, para que el visitante extranjero se sienta rápidamente acogido en el país de los millonarios lo convierten rápidamente, por poco dinero que lleve, en multibillonario, si con b, pero con una sola condición: fuera del país ese dinero no puede usarse nada más que como recuerdo del viaje, de hecho, para no desestabilizar el mundo con nuevos multimillonarios, se acordó que ese dinero no valga para ninguna operación fuera del país de los ricos. No obstante, mientras estés dentro de ese bonito país, puedes hacer buenas compras en piedras preciosas como la esmeralda, la malaquita o la serpentina y oro y platino (mineral del que posee la segunda reserva del mundo), además de artesanías y cosas típicas. Generalmente, los turistas quedan tan agradecidos que dejan propinas de hasta diez millones en hoteles y restaurantes.
En este país de 11 millones de habitantes, 11 millones de ricos, solo dos de cada diez habitantes tiene que ir a trabajar. Tienen tantos millones que comprar con dinero no tiene ninguna emoción, ya no le dan valor al dinero, por eso la mayoría prefiere hacer trueques, las cosas que se pueden trocar tienen un valor por sí mismas, cosa que el dinero cuando es tan común no puede lograr. El dinero tiene valor en los países donde hay gente que tiene mucho y gente que no tiene nada.Resultará algo excéntrico que en este país, sus millonarios habitantes, en vez de papel higiénico utilicen billetes de mil dólares, pero no lo hacen por demostrar la poca importancia que le dan a sus grandes fortunas sino porque es más barato.
Los habitantes de Zimbabwe tienen la moneda con menos valor del mundo. La abundancia en este país es, sobre todo, una abundancia de ceros en los precios. En Zimbabwe, el país de los millonarios, los billetes necesarios para comprar pan pueden pesar más que la propia barra. Es casi imposible seguirle el valor a esta moneda porque se devalúa minuto a minuto. Los precios se multiplican cada hora y con el dinero que te cuesta un coche por la mañana por la tarde solo puedes comprar una rueda. Los ordenadores y calculadoras no pueden manejar todos los ceros, ni siquiera en los productos más baratos. Al banco nacional no le da tiempo de producir tantos billetes como necesitan para mantener la economía. El 16 de diciembre, un millón de dólares de Zimbabwe equivalía a 30 céntimos de euro.
En junio, antes de que le quitaran 10 ceros a los billetes, por un euro podías tener hasta 3 billones de dólares zimbabweses. La inflación sigue subiendo y pronto tendrán que volver a sacar billetes de billones de dólares. En 2006 la eliminación de 3 ceros conllevó a una subida mucho más aguda de los precios. Los precios se doblan de día en día. En la actualidad, la inflación podría alcanzar o superar los mil millones por ciento, a principio de diciembre era de 231millones% y hace seis meses era del 14millones%. Se estima que la tasa de inflación se dispare a 4 mil millones por ciento (en España, donde nos quejamos de la subida de precios y este año se van a adelantar las rebajas, durante este año hemos alcanzado la mayor inflación desde 1997 llegando al 4,6%).
El Estado es el principal cliente del mercado negro porque no existe otra economía. En el mercado negro, los precios de los artículos, escasos, pueden variar y ser hasta 10 veces más altos. La única manera de sobrevivir como empresario es llevar una contabilidad ficticia para que nunca haya efectivo porque se evapora. Todos los comercios y compañías sufren pérdidas desde hace meses, pero si cierras te expones a ser expropiado, es un círculo vicioso.
En este acaudalado país, la esperanza de vida ha pasado en tres décadas de 60 a 35 años. El sistema de salud es inexistente. Las escuelas y universidades (antes las más avanzadas del continente) apenas operan con un 20% de alumnado. Las aguas fecales discurren por las calles con un alcantarillado obsoleto, el agua está contaminada por falta de purificación y la basura se acumula sin recoger. Desde agosto una epidemia de cólera ha acabado con la vida de más de 1.000 personas y decenas de miles lo han contraído. El sida se cobra 2.300 vidas cada semana, entre el 30% y el 40% de la población es portadora (60% entre las mujeres fertiles y el 30% de los recien nacidos) y el 25% de los niños es huerfano por esta enfermedad. Por si fuera poco, Zimbabwe sufre la más grande sequía que se recuerda y casi la mitad de sus habitantes no tiene acceso a alimentos. Su presidente, Robert Mugabe, culpa de todos estos males a un complot internacional liderado por el Reino Unido.Mugabe tiene 84 años y en 1979 liberó al país, entonces llamado Rodesia, del apartheid. Se estima que aproximadamente un 20% de la población total del país han sufrido tortura, incluidas las denominadas “violaciones políticas” a mujeres que pertenecen a la oposición, sospechosas de serlo o casadas con militantes. Hace unos días declaró "Zimbabwe es mío. Nunca, nunca, nunca dimitiré". Mientras grita "Zimbabwe para los zimbabwenses", las epidemias y el hambre estan acabando con su población y el 25% de la población, ha emigrado ya a Sudáfrica, Namibia y Gran Bretaña (principalmente huye su personal más cualificado). Entre tanto, al parecer, Zimbabwe se esta llenado de chinos, oficialmente son turistas, pero se piensa que China esta financiando al gobierno a cambio de que 4 millones de sus pobres puedan cultivar sus tierras y explotar sus yacimientos de platino.
Zimbabue era conocida como la joya de África: paisajes de ensueño como las cataratas Victoria y parques naturales espectaculares por los que deberían pelearse los turoperadores, tierras fértiles que lo convertían en uno de los principales graneros del continente, población instruida y recursos naturales de lujo: oro, níquel, platino, paladio, acero... El potencial es tan alto que grandes potencias como China y el Reino Unido pugnan para estar bien colocadas para cuando el padre de la patria abandone la escena y se abran las ventanas.
Gracias a Javier Serrano, Lector de español en la Universidad de Makerere, Kampala, (Uganda)
por inspirar esta historia.












Y la amistad, todo el mundo lo sabe, se apoya en un profundo sentimiento de respeto y admiración mutua. Obama elogia y se inspira en apuestas de Zapatero como el modelo de desarrollo de energías renovables, el tren de alta velocidad ("el más vanguardista del mundo"), en nuestro sistema sanitario, en los derechos de gays y lesbianas, en la alianza de Civilizaciones, en la política exterior en Oriente Próximo, en las relaciones con América Latina, etc. Y Zapatero, por su parte copia, a veces con errores, las estrategias de estímulo económico de la Administración Obama. 
Pero hay algo que tiene Obama que también puede tener Zapatero: el mejor equipo de comunicación que haya existido jamás, y así acabar con la escasa repercusión de los éxitos del Gobierno y la amplia difusión de sus errores. Por el camino puede que acabe la crisis, que la presidencia española de la UE sea un éxito y que, esto es más difícil, palestinos e israelitas firmen la Paz.
Nací en Málaga, capital de la Costa del Sol y de casi todos mis sueños. Me gustan las grandes ciudades y los pueblos pequeños, pero para vivir prefiero capitales. Viví mis primeros meses junto al mar, en el playero barrio de Pedregalejo. En ese lugar parece estar mi centro de gravedad, paso allí todas las tardes que puedo, allí me encuentro a mi mismo cada vez que me pierdo. Si las personas tenemos raíces allí se esconden las mías. Existe otro lugar en el mundo donde me pasa algo parecido: en la Alhambra, junto a la Alhambra, frente a la Alhambra, no se la explicación (allí no llega el olor a espetos y boquerones).
Dicen que con unos meses caí de cabeza desde el taburete de un bar, "botaste como una pelota", dice mi padre todavia con gesto de terror. No creo que tenga algo que ver con que nunca me haya gustado el futbol, tampoco con mi preferencia por los bares con taburetes altos. Si que puede tener relación con mi tendencia a olvidar pronto los grandes golpes.
También cuentan que con dos años ya comía con cuchillo y tenedor “como las personas mayores” y sin manchar el mantel. Mis abuelos, orgullosos de mi educación, me llevaban a menudo de viaje con ellos. En los hoteles “la gente se acercaba a verte comer”, decía mi abuela. Sorprendía por mis modales, pero de repente un día, sin venir a cuento, ante el estupor de todos, solté un “¡COÑO!”. Como a la gente le hizo gracia, lo repetí varias veces durante aquel fin de semana. En cuanto volvimos a Málaga mi abuela se reunió con mi padre y le pidió que no dijera tacos delante mía porque los repetía en público, sin saber que estaba mal. Mi padre, muy apurado, se contenía al máximo, pero en ocasiones se le iba el control y soltaba un “¡Coooñ!”. Aunque finalmente se reprimía, el resultado fue más negativo si cabe. Al fin de semana siguiente, cuando algo no me gustaba en Carratraca (el hotel-balneario al que soliamos ir) , yo decía sin disimulo “¡coooñ!”. El escándalo fue tremendo, “mira el niño con lo pequeño que es y se da cuenta de lo que dice y se contiene”. Mi abuela se ponía colorada de vergüenza, le daba “bochorno”, igual que los días de calor, pero me miraba sonriente. En mi vocabulario no existen palabrotas.
Otro de mis primeros recuerdos es de preescolar. Mi hermano Alberto tendría 3 años, yo 5; los recreos los pasábamos juntos en el patio del colegio y aquella mañana se dedico a rebuscar entre las piedras “cochinitas” (oniscídeos o cochinillas de humedad). Prefiero no pensar a que se debe su nombre, sobre todo sabiendo lo que pasó a continuación. Estaba llenando una bolsa con ellas y antes de que pudiera darme cuenta tenía una en la boca, puag! ¡Que impresión! ¿Cómo podría comérselas? Su razonamiento no lo olvidaré nunca, el día anterior se le había roto en el mismo lugar una bolsa de conguitos y estaba convencido de que esas bolitas (con patas) eran sus conguitos de ayer. Fue dificil convencerlo.
Al curso siguiente mis padres nos sacaron de aquel colegio, hasta hace poco no supe que el motivo era uno de mis siguientes recuerdos. El miércoles de ceniza, nos llevaron a la capilla del colegio. Allí estaban todos los alumnos del centro escuchando a un hombre muy serio vestido de blanco. Por el silencio y atención que todos le prestaban entendí que era algo grave. Hablaba del sentido de la muerte, de que nuestra vida continuaría en el cielo si éramos buenos creyentes, hablaba del arrepentimientos y de otras cosas muy, muy serias. Yo me empecé a sentir muy triste y oprimido, “Concédenos, Señor, el perdón y haznos pasar del pecado a la gracia y de la muerte a la vida”, entonces pidió que, por orden, fueramos pasando por delante suya para echarnos unas cenizas que eran “símbolo de Jesús que murió por nosotros”. Primero fueron los mas mayores, el silencio era sepulcral, solo se oía “polvo eres y en polvo te convertirás” y proseguían su camino hasta salir por la puerta trasera y perderse de nuestra vista. “Polvo eres y en polvo te convertirás”, “polvo eres y en polvo te convertirás”, “polvo eres y en polvo te convertirás”,… Conforme llegaba mi momento me fui poniendo más y más nervioso. No sabía que tipo de poderes tenía aquel hombre. Me parecía increible que nadie protestara por lo que estaba pasando. Todos iban como borregos hacia aquella muerte segura. Los profesores solo intervenían dando una señal con la mano cada vez que les tocaba acudir a los niños del curso siguiente. No se si fue mi imaginación, pero recuerdo perfectamente la imagen de una montaña enorme de cenizas al otro lado de la puerta, fuera de la capilla. Cuando empezó levantarse la fila anterior a la mía salte corriendo por encima de mis compañeros de banca y escape corriendo con todas mis fuerzas, me iba la vida en ello. Salí gritando como un despavorido, era mi instinto supervivencia. Ya en la calle mi tutor me alcanzo, hasta ese día lo veía como a un ser querido, pero aquel día le vi la cara de monstruo que escondía. No sé como lograron dominarme entre el y el resto de profesores. Fue mi tutor quien, un año más tarde, contó a mis padres lo que él consideró “una anécdota”. Mis padres me sacaron inmediatamente de aquel colegio, pensaron que, al ser del OPUS, tarde o temprano las anécdotas dejarían de serlo.
No volví a pasar cerca de aquel colegio hasta 12 años más tarde. “Otra vez miércoles de ceniza”, caí en la cuenta al verlo. Ese era el camino para llegar al cementerio, volvía de Madrid, ese día incineraban a mi hermano Alberto. Tres días antes, mientras dormía, me despedí de él con un beso, sentí que esa era una despedida distinta, para siempre. Dos años de quimioterapia lo habían consumido, también a mis padres. Ese miércoles no pude entrar en la capilla del Cementerio, no sé si habría salido gritando, como cuando tenía cinco años, pero esta vez las cenizas si que estaban al otro lado de aquella puerta.
CONTINUARÁ...
¿Por qué me emocionan los trotamundos?. Conocer gente, vivir experiencias, ver paisajes, aprender, desconectar, descubrir el mundo, superarse a si mismo…“cada viajero tiene una razón para serlo”. La mía es hacer amigos, conocer gente que de otra forma nunca se cruzarían en tu vida, descubrir que vayas a donde vayas te espera alguien que de repente se convierte en parte de ti, que por grande que sea el mundo nunca estas solo, que no necesitas compartir una cultura ni un idioma para compartir todo lo demás, que tu casa puede estar en muchos sitios... Descubrir todo eso es emocionante, yo lo he vivido alguna vez y eso es lo que veo en casi todos los grandes viajeros que he conocido, eso es lo que me pone los vellos de punta.