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lunes, 30 de mayo de 2011

La Atalaya de Sampedro

Hemingway decía que el secreto de la sabiduría es la humildad. José Luis Sampedro es la persona más humilde que jamás he conocido. También la más sabia, pero eso me lo esperaba tras la lectura de alguno de sus libros.
Sampedro en su casa de la Cala de Mijas.
Foto de Julián Rojas publicada en El Pais
Llegamos a su casa de la Cala de Mijas con un amigo en común. Inmediatamente surgió el primer gesto de humildad, quizá de sabiduría. Al presentar a mi amigo Antonio como filólogo hizo un largo gesto de reconocimiento, cerró la boca en «¡Oh!»  y, mientras asentía con la cabeza y movía una mano en signo meritorio, haciendo pequeños círculos con los dedos unidos, le dijo «¡hombre! Yo también me dedico a lo mismo que tú, pero yo he llegado por la puerta de atrás».

Por su familiaridad en el trato, se hacía imposible tratarlo de usted, tanto que el respeto me dificultó durante un buen rato dirigirme abiertamente a él. Para no usar el tú, dejé caer mis palabras como si no fueran a nadie en concreto esperando que él las recogiera, rápidamente se erigió en decano de aquel grupo de amigos de cuatro generaciones. 

No fui consciente de sus 93 años hasta que hablamos de sus estrategias para colarle historias a la censura franquista. Decenas de anécdotas de los años 40 que nos trasladaron a la posguerra para conocer a Buero Vallejo, Torrente Ballester, entre otros. De pronto se humanizaron para mí autores como Cela, que sobre todo "sabia venderse". «nunca he conocido a ningún escritor que se vendiera mejor, tanto, constantemente», reconocía Sampedro recordándonos cómo se fraguó su entrada en la RAE.

Un dia le contó a Carmen Balcells como de pequeño le gustaba tocar el piano. Luego llegó la guerra y los acontecimientos le apartaron de las teclas para siempre. Nunca más se ha sentido capaz de tocar una melodia con esos dedos que componen a diario grandes obras. Unos días más tarde, al volver a su casa de Madrid, encontró en el salón un piano estupendo, con una rosa roja y una nota manuscrita de la que ya es el segundo en definirme como un hada madrina.

Imagen de Julían Rojas publicada en El País
La excusa de la visita de aquella tarde era interesarnos por su evolución tras una caída y entregarle un libro ambientado en Tanger, El tiempo entre costuras. Automáticamente empezaron a brotar de José Luis emocionados recuerdos de su vida al otro lado de la costa que teníamos delante. De su infancia en Tanger, por entonces ciudad internacional, aún recuerda cómo se usaban indistintamente tres monedas diferentes, que un judío cambiaba a su madre en un banco, (pero con minúsculas) de madera y en medio de la calle, mientras lo sostenía entre sus piernas.

Tanger era un oasis de la modernidad en un Marruecos anclado en otra era. Sus compañeros de clase eran de todas las religiones y condiciones, pasaba el año de celebración en celebración, "de pastel en pastel". En la playa, para bañarse, muchas mujeres dejaban su cuerpo al aire mientras mantenían tapada la cabeza con un velo. Sampedro recuerda cómo su padre pidió una vez un poco más de compostura ante su familia recibiendo una contundente respuesta: «vergüenza cara, no culo».

Fruto de un despiste, nuestro amigo en común olvidó presentarnos a Olga Lucas. Al no saber quién era, pasamos la tarde tratando de asignarle un papel: ¿cuidadora o amante? ¿Secretaria? Amante. ¿Amante o esposa? Ella parecía querer confirmar nuestras sospechas en cada momento. Mirando a Sampedro nos respondía sin saberlo: «Los periodistas a veces le preguntan si soy yo El Amante Lesbiano... se creerán que le zurro a palos». Esto dio por cerrada nuestra incognita: era su mujer.

Sampedro vive en esta costa por culpa de Al- Qaeda y gracias a la Sonrisa Etrusca. Él pasaba los inviernos en Tenerife hasta hace 3 años. Harto de que para coger un avión le hiciesen hasta descalzarse por las medidas de seguridad, buscó un lugar al que para llegar en menos de tres horas no tuviese que pisar un aeropuerto, de clima templado, con mar y tranquilidad para escribir. La suma daba como resultado la provincia de Málaga y encontró personalmente este bonito piso de alquiler con vistas. La hija de la dueña le enseñó el apartamento sin saber quién era y sin interés en que su inquilino fuera un señor mayor. Cuando Sampedro estaba cogiendo el tren de vuelta, recibió una llamada de la madre de la joven: el piso era para él. La señora había leído La Sonrisa Etrusca y al darse cuenta de quién era lo llamó.
Costa de Sampedro
El mar está presente en todo momento, se ve, se huele, se oye. De repente José Luis nos mira fijamente, repartiendo su mirada entre todos y nos dice solemnemente «¿Sabéis cómo se llama esta costa?». Menos Olga, todos habíamos nacido en esta orilla pero nos miramos con incertidumbre por su pregunta. Rápidamente José Luis aclaró la incógnita: «Este trozo de mar desde ese extremo hasta el otro, llegando hasta el fondo, se llama la Costa de Sampedro». Sin darnos tiempo a reaccionar, continuó «¿Como? ¿No os lo creéis? Mirad, yo la veo todos los dias y sé que es mía. Lógicamente no la he comprado, pero es mía y aunque la hubiera comprado, ¿sabeis lo que haría?... Lo mismo que hago ahora: mirarla, pasear de vez en cuando, bañarme y dejar que todo el que quiera la disfrute, igual que yo». Estando aún conmovidos por su planteamiento continuó Olga «Lo mejor es que desde que estamos aquí coma lo que coma no le sube el colesterol»,  aclarando que esa es la única preocupación que tienen por su salud. El convencimiento es mutuo. «Solo en su costa Sampedro se puede permitir el lujo de comer pescaito frito», explica Olga. No saben muy bien cuál es el motivo: el clima, «el mejor», las vistas desde su balcón de la Cala de Mijas, el aceite, los paseos por la playa...

El motivo puede ser que por fin ha reencontrado su sitio. En los días claros, desde su atalaya, se ve la costa de Marruecos, aquí se reúne su infancia con su senectud. Tiene una casa tan sencilla como él, donde puede comer todo lo que más le gusta sin miedo a enfermar, le visitan amigos «inteligentes, aquellos a los que se puede invitar a restaurantes con manteles de papel*», se encargan de aclarar.

«¿Qué más se puede pedir?»

¡Bienvenidos a la Costa de Sampedro!


* El restaurante al que se refieren se llama El Granaino, a escasos metros de su casa puede ser el secreto de su salud.

Con 25 libros publicados, Sampedro acaba de publicar "Cuarteto para un solista" donde analiza cuestiones importantes acerca de la sociedad de consumo, la economía liberal de mercado o las diferentes nociones de progreso.

miércoles, 17 de noviembre de 2010

La calle más grande del mundo ya tiene vagabundos

Su filosofía es "si no te gusta la vida que llevas cámbiala". José y Lyndon lo hicieron y desde hace meses viven sin techo pidiendo en la calle más grande del mundo: Internet. 

Se auto-clasifican como "una nueva generación de mendigos", su trabajo es "hacer reír a la gente", 10 horas en la calle y 2 horas en los cibercafés, desde donde administran su web( cuando no tienen wifi). Todo surgió en Granada, vivían en una cueva del Sacromonte y trabajaban haciendo malabares mientras su amigo Nigel tocaba la guitarra.


A Nigel se le ocurrió poner un cartel delante diciendo "Para comer" . Un poco más tarde comenzó a temblar (es un alcohólico) por lo que escribió otro "Para Vino". A altas horas de la noche a Lyndon puso "Para Porros", tras lo cual José escribió un cuarto cartel "Para Cocaína" . La "broma" hizo gracia a todo el que pasaba y decidieron mantenerla pero en una versión más ligth para Cerveza, Vino, Whisky y Resaca. Se consideran entre los pocos vagabundos honestos, su sinceridad divierte a la gente, "Llevamos utilizado estos carteles más de cinco años, viajando por las calles y haciendo reir a la gente".


The Lazy Beggars - Laptop with WiFi, no battery but a friendly beershop
 En una zona WiFi en Fuencarral en Madrid
Ahora con su web lo tienen más fácil, con presencia en una "calle" universal en la que se les puede hacer donaciones por Pay Pal o comprar postales escritas por ellos, que te envían a casa por sólo 4 euros (gastos de envío incluidos). Aclaran que la web de momento les ha costado mucho más de lo que han podido recaudar a través de ella, pero hoy han salido en casi todos los telediarios y ya lo están notando tanto en su web como en su acera de hoy, en la Gran Vía de Madrid.

sábado, 7 de agosto de 2010

Reina de Corazones

Hace un par de meses, un periódico de Marbella me encargó un artículo de peloteo sobre una conocida criticadora profesional habitual en programas 'del corazón'. 


En aquel momento me pareció una tarea difícil por mi fuerte antipatía hacia ese grupito de lenguas malintencionadas que se hacen llamar periodistas (no dudo que lo sean pero afirmo que lo que hacen no es periodismo). 


Finalmente, inspirado por el reciente estreno de Alicia en el País de las Maravillas, logré componer una artículo positivo sobre una 'reina' de la tele que se gana en cada programa "¡que le corten la cabeza!".





Lydia Lozano llego a la prensa rosa por casualidad. Trabajaba en los servicios informativos de la COPE cuando a un fotógrafo que cubría una noticia se le estropeó el coche. Sin pensárselo mucho le ayudo a arreglarlo y a cambio este le ofreció irse con el como redactora a una agencia de prensa. 

Lydia no sabía que se iba para redactar noticias 'del corazón', pero de pronto se encontró haciendo lo que desde muy joven, cada vez que leía la revista Hola, había soñado hacer. 


De cubrir fiestas de famosos en Ibiza y Marbella pasó rápidamente a realizar grandes entrevistas a personalidades como Sean Connery, la Princesa Soraya (primera esposa del Sha de Persia), Alfredo Kraus, etcétera. 

Lozano, que se declara amante de las motos, de los chales, de las alpargatas de esparto y de su marido Charly, no ha abandonado desde su salto a la prensa rosa esta vertiente de la información periodística. No obstante, a Lydia no le gusta olvidar su dilatada experiencia radiofónica anterior en Radio Nacional, la Cadena COPE y Antena3 Radio. A los que la acusan de amarillista les recuerda sus más de 10 años en las ondas, a donde llegó desde que se licenció en periodismo en 1982, allí además de trabajar para servicios informativos, estuvo de colaboradora de Nieves Herrero durante seis años.
Sin embargo es la televisión la que la ha hecho popular. Desde mediados de los 90 no hay programa 'del corazón' de éxito que no haya contado con ella: Tómbola, A Tu Lado, Salsa Rosa, El Ventilador, La Noria y Sálvame, han     mantenido siempre su trono de soberana en el reino de corazones.

jueves, 7 de mayo de 2009

Albert, el rodamundos

Desde muy pequeño sentí admiración por los trotamundos. Mi padre tenía un amigo argentino que cada dos o tres años aparecía por casa y nos contaba sus viajes por países que yo aun no sabia que existían. Pronto empecé a viajar, a veces solo, busco sitios desconocidos para los turistas, gasto poco, prefiero los albergues,… pero no soy un trotamundos. Sin embargo, en Creta, en Roma, en Granada, en Chile… cada vez que conozco a un gran viajero solitario me emociono, se me ponen los vellos de punta, me siento más vivo.

Ayer volví a sentir esa sensación. Hablaba como un niño, al principio pensé que le estaba tomando el pelo a todo el mundo, después creí que fantaseaba, que estaba loco. Según decía, empezó a viajar el solo cuando cumplió los 15 años. A bordo de su silla de ruedas ha recorrido, en los tres años que lleva explorando el mundo, cerca de 30 países.

El mismo reconoce que, con otros padres, habría sido un simple soñador o un fugitivo perseguido por la policía. Con cinco años empezó a ahorrar para viajar. Luego, con ocho, la leucemia lo dejo para siempre en una silla de ruedas. Probablemente, sus ansias por recorrer el mundo le llevaron a superar la enfermedad y todas las dificultades posteriores. No necesitó seguir ahorrando para cumplir su sueño, se enorgullece de viajar con los bolsillos vacíos “al principio gastaba tres euros al día por la comida, solo que ya lo mejoré y ahora viajo sin dinero”.

Era divertido escucharle, pero no conseguía otorgarle credibilidad. Entonces salió a relucir su libro, Un mundo sobre ruedas. Lo que contaba podía ser más o menos exagerado pero el libro era auténtico. Tenía que encontrarlo. Mi amigo Diego siempre defiende a la gente que es capaz de hacer algo frente a los que solo critican, el diría: “si, será lo que quieras, pero ¿tú lo has hecho?”. No tuve que buscarlo, estaba en todas las librerías, traducido a dos lenguas, en una edición de cierta calidad.

No sé si lo habrá comprado mucha gente pero yo, emocionado, con los vellos de punta, he recorrido el mundo rodando, descubriendo con Albert que cuando viajas solo y sin dinero te cambia la vida “unas cosas se vuelven muy importantes, otras dejan de tener importancia, algunas se vuelven fáciles, otras se complican…”. Pero siempre, cuando emprendas el viaje (como decía Kavafis en Ítaca) pide que el camino sea largo, que esté lleno de aventuras, lleno de experiencias; Nunca hallaras nada que temer si tu pensamiento es elevado, si es grande la emoción que invade tu espíritu, que invade tu cuerpo.
¿Por qué me emocionan los trotamundos?. Conocer gente, vivir experiencias, ver paisajes, aprender, desconectar, descubrir el mundo, superarse a si mismo…“cada viajero tiene una razón para serlo”. La mía es hacer amigos, conocer gente que de otra forma nunca se cruzarían en tu vida, descubrir que vayas a donde vayas te espera alguien que de repente se convierte en parte de ti, que por grande que sea el mundo nunca estas solo, que no necesitas compartir una cultura ni un idioma para compartir todo lo demás, que tu casa puede estar en muchos sitios... Descubrir todo eso es emocionante, yo lo he vivido alguna vez y eso es lo que veo en casi todos los grandes viajeros que he conocido, eso es lo que me pone los vellos de punta.


Albert Casals es un trotamundos sobre ruedas (desde hoy un RODAMUNDOS) que ha sido nombrado embajador de la Fundación Step by Step

En su libro olvidó incluir esta conocida canción Mariachi:
Una piedra del camino
me enseño que mi destino
era siempre rodar y rodar
RODAR Y RODAR
RODAR Y RODAR
Después me dijo un arriero
que no hay que llegar primero
solo hay que saber llegar
Con dinero y sin dinero
hago siempre lo que quiero
y mi palabra es la ley
No tengo trono ni reina
ni nadie que me comprenda
pero sigo siendo el rey…